Espera, sentémonos.
Bueno, quizá no sea buena idea, mejor demos un paseo.
Y comenzamos a andar, sin saber qué es lo que te mueve, porque supongo que al igual que para mí, ese es prácticamente el motivo de todo.
Seguimos andando, y poco a poco empiezo a entender las cosas, a conocer nuevos lugares, lo que me mueve a seguir caminando.
Todo parece ir bien, hasta que te detienes.
Quiero saber que te para, que te hace titubear a la hora de seguir avanzando, a lo que obtengo una simple respuesta que entre líneas denota cierto miedo.
No te preocupes, es nuestro paseo, no caminas solo.
Dimos el primer paso y acto seguido le miré a la cara.
(...)
Había dejado de creerme mi propia mentira.
jueves, 2 de septiembre de 2010
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