Por allí arriba se deslizaba, junto a su compañero, quizá más blanquecino que él.
Todo iba bien, hasta que empezó a caer, en gran parte por la superioridad de peso con respecto de su compañero...
Una vez en el suelo, se encadenó, y sólo pudo quedar un susurro desgarrador en el viento: "No luches contra mí, no puedes vencerme, porque yo soy tú mismo."
domingo, 28 de febrero de 2010
miércoles, 17 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)