Por allí arriba se deslizaba, junto a su compañero, quizá más blanquecino que él.
Todo iba bien, hasta que empezó a caer, en gran parte por la superioridad de peso con respecto de su compañero...
Una vez en el suelo, se encadenó, y sólo pudo quedar un susurro desgarrador en el viento: "No luches contra mí, no puedes vencerme, porque yo soy tú mismo."
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